19 diciembre, 2010

De tanto saber, sabe a mierda.

El sabio nunca dice todo lo que sabe o piensa, pero siempre piensa lo que dice.


           -Para quienes no somos sabios, nos queda el remedio de ser al menos, prudentes. Y la prudencia del pensar y del hablar lleva a un doble orden en el tiempo y en la dedicación. Primero; antes pensar qué hablar: Segundo; pensar mucho y hablar poco.  

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